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La Tierra está en venta

4 octubre 2011

“Se vende planeta. En su totalidad. Compre ahora antes de que se acabe el plazo. Se venden ríos, cordilleras o archipiélagos. Y para grandes ahorradores, se venden países. Todo a su disposición”.

Este anuncio se publica periódicamente en televisión, radio o internet. ¿Ya lo has visto? Quizá no te has fijado, pero lo anuncian a menudo. Pasa algo desapercibido por estar escrito con otras palabras, en un leguaje algo confuso. Suele venir disfrazado de expresiones como “medidas para reactivar la economía global”, “fórmulas para crear desarrollo” o “problemas necesarios para superar la crisis”. Pero el mensaje es el mismo: se vende planeta.

¿Quién o qué lo ha puesto en venta? No está del todo claro, ni es una persona concreta. Y es en esta interesada confusión, donde reside gran parte de la dificultad para impedir la venta. Lo que sí está claro es que quien tiene dinero suficiente, tiene el poder para hacerse con el control de los recursos naturales de un país, sus medios de comunicación o su futuro político, económico y social.

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Alfonso Basco
www.culturadesolidaridad.org

El sistema en transición.

23 agosto 2011

Imagen originaria http://amanecemetropolis.blogspot.com Desafortunadamente, no es una novedad que el mundo viva una época convulsa e inestable. Y es que no es para menos, si tenemos en cuenta que estamos presenciando el fin de un ciclo y el comienzo de otro. La incertidumbre sobre qué va a ocurrir en lo político, lo económico o lo social aumenta cada día en diversos lugares del planeta. La sociedad está desorientada, especialmente la juventud. Un futuro incierto y carente de oportunidades asoma en el horizonte. Y es en este desencanto generalizado donde reside el fin de una etapa que no ha contemplado el interés humano, sino el interés material. Así es, prevalecieron las cosas sobre las personas.  Y una, sobre todo lo demás: el dinero. Que pasó de ser una cosa a ser un dios todopoderoso.

Hasta el día de hoy el mundo no ha estado gobernado y dirigido por gente, sino por dinero. Eso que algunos llaman los mercados y que Adam Smith designó como “la mano invisible” que todo lo regula. Como si se tratara una ley natural. Nos olvidamos de que las leyes naturales sólo las da la naturaleza, aquella que también quedó en un segundo plano hace tiempo.

Por suerte cada vez más personas actúan contra ese orden, tratando de revertirlo hacia a un sistema más humano. Pero ese cambio sólo se producirá cuando la mayoría esté dispuesta a llevarlo a cabo. Si viene de una minoría, ésta podrá ser respetada o incluso elogiada. Pero no seguida, que es de lo que se trata.

Tenemos claro qué es lo que no queremos y comenzamos a saber lo que sí queremos: las personas primero. Y que las leyes naturales nos las dé la madre naturaleza, no el dinero. A partir de ese sencillo paso dado por la mayoría, comenzarán a ser más importantes las personas que las cosas. Y arrancaremos definitivamente hacia un nuevo ciclo.

Dicho lo anterior, no olvidemos algo importante: seguimos en una etapa de transición. Naturaleza y seres humanos siguen siendo una moneda de cambio de la que se sirve una minoría para acumular riqueza. Acumulación de riqueza para unos pocos cuya codicia se ha convertido en un fin en sí mismo, ni siquiera es un medio para mejorar o avanzar. El sistema que elevó el dinero a la categoría de divinidad no se ha acabado y sigue extendiéndose.

Entendamos que el cambio es cosa de todos, es algo en lo que todas las personas pueden y deben participar. En esta época no basta con dar un paso adelante, sino contribuir a que la mayoría tome conciencia y también lo dé. Nos siga, nos comprenda y forme parte de la idea de un futuro mejor.  Solo así llegaremos a la Era de la gente, la de toda la gente.

Alfonso Basco
http://www.culturadesolidaridad.org

Art. completo: http://goo.gl/NtjkP

Hay alternativa. Ya estamos en ella.

26 julio 2011

Durante muchos años, gran parte de nosotros hemos creído que no hay alternativa real a los excesos del modo de vida actual. Hemos seguido la inercia, sabiendo que esto no funcionaba y nos traería mayor desigualdad. Hace tiempo, dos sentimientos se apoderaron de nuestra sociedad. Un sector de la población comenzó a tener miedo a que cualquier cambio supondría un paso atrás en sus privilegios y comodidades. Otro sector, el más mayoritario, optó por la creencia de que no hay alternativa: no podemos cambiar nuestros hábitos de consumo, nuestro modelo energético, no podemos cambiar a la banca, el comercio internacional, el hambre, las violaciones de Derechos Humanos… Resultaba que no podíamos cambiar nada. Esta idea era muy defendida por la sociedad occidental, que tendía cada vez más al conformismo. Tratando de creer que no existe una alternativa razonable, y que “en el fondo no estamos tan mal”.

Pero algo está cambiando. Comenzamos a tomar conciencia de nuestro poder como consumidores, como creadores de opinión, como ciudadanos activos, como usuarios de nuevas tecnologías, como educadores, como defensores de nuestros derechos y nuestro planeta, como denunciantes de abusos. Sabemos que sí hay alternativas a muchos excesos que hemos normalizado durante décadas. La política, las finanzas, la seguridad, las fuentes de energía, el empleo, la cooperación internacional, la democracia… pueden ser mejoradas y gestionadas de un modo más humano y más justo. Pensando en el interés universal. Estamos cambiando la palabra desesperación por urgencia, la comprensión de lo que ocurre por la acción para evitarlo. Estamos cambiando el mundo, no nos quepa ninguna duda.

Ahora tenemos poder. Siempre lo tuvimos, pero empezamos a ser conscientes. Tenemos alternativas y sabemos que no estamos solos. Estamos venciendo nuestras diferencias en favor del bien común. Queda mucho camino por recorrer, pero el paso es firme y decidido. El presente nos está demostrando que la palabra “imposible” ya no nos asusta. Es más, sabemos que esa palabra es mucho más débil de lo que nos hicieron creer.  La sociedad comienza a comprender que no está para servir a la política, sino al revés. La comunicación empieza a tener su sentido originario gracias a internet: diversidad de enfoques que no están a la orden de nadie. Cada vez tenemos mayor conocimiento sobre qué ocurre en el mundo, y por qué. Términos como “rentabilidad” y “beneficio” ya no son nuestra meta, y comienzan a incluir el bien social y ambiental, más allá de lo económico. No dejamos la solución en manos de los demás ni somos sólo críticos con nuestros dirigentes: también apelamos a nuestra responsabilidad individual, actuando en primera persona y siendo coherentes con nosotros mismos. Estamos dejando de lado la interesada simplificación entre buenos y malos, el estar con un bando y en contra de otro. Estamos entendiendo que somos muchos, muy diversos, y hay espacio para todos. Sabemos que sí se puede. Estamos despertando.

Hay alternativa y estamos en ella. ¿Hacia dónde vamos? Hacia donde nos propongamos. Pero esta vez, vamos todos.

Alfonso Basco
http://www.culturadesolidaridad.org

La riqueza de las naciones

13 junio 2011

En el mundo actual nos encontramos con todo tipo de países divididos por su localización geográfica, climatología, éxitos deportivos… y como no, por su nivel de riqueza. Es ésta última distinción a la que se da mayor importancia y quizá por ello, existan múltiples preguntas sobre por qué unos estados son ricos, los que menos, y otros son pobres, los que más. La explicación más simple es que un país tiene prosperidad económica por su esfuerzo y trabajo, y viceversa. Pero la realidad nos dice algo diferente. Para responder a lo anterior, veo imprescindible dirigirse al punto de partida: el origen de la riqueza de las naciones. (…)

¿La riqueza de un país se basa en su esfuerzo? Es cierto que si un país del Norte no se esfuerza, antes o después acabará perdiendo su riqueza. Sin embargo, ¿Lo es que el esfuerzo de un país pobre le hará ser rico en algún momento? ¿Y si nunca llega a tener los mecanismos necesarios para originar esfuerzo y posteriormente recompensarlo? Es en esta cuestión donde tenemos el principal punto de origen de la desigualdad en la riqueza de las naciones. Y es caminando en otra dirección, más igualitaria y más justa, donde podremos encontrar el remedio al gran desequilibrio del mundo actual. No queda otro camino si realmente queremos que nuestro sistema se base en la libertad, y la democracia.

Lee el artículo original  completo de Alfonso Basco aquí

El otro lado del sistema

11 abril 2011

Imagen del especial superpoblación de El Mundo

Si le mencionara la cantidad de mil millones ¿Qué le viene a la mente? Es posible que esta cifra le pueda resultar tristemente familiar. Se trata del número aproximado de personas que pasan hambre en el mundo. Mil millones, no es un número más.

Continuemos en otra dirección, ya que este texto está dedicado a otros menesteres. Imagínese que de pronto el mundo cambia esa cifra. Que finalmente se da la voluntad política necesaria, y terminamos de una vez por todas con ese terrible gran problema de la humanidad: el hambre en el mundo. ¿Todo resuelto? Por favor, continúe leyendo.

Imagínese vivir en un mundo como el de hoy sin acceso a un seguro médico, una cuenta corriente, una hipoteca o una pensión. ¿Podría usted? Yo no. Ahora imagínese que esa situación perdurara a lo largo de toda su vida. Resulta que eso, es algo que le ocurre a otros cientos de millones de personas en todo el mundo, y que realmente no pueden hacer nada al respecto. Ni ellas ni el sistema en el que viven, ya que no advierte ni contempla su existencia. Es por ello, que esas personas nunca podrán integrarse en el modelo de sociedad actual. Modelo que olvida a quienes, por múltiples motivos, no pueden (aunque quisieran) formar parte de él. Quedan apartados de múltiples facetas imprescindibles en la sociedad contemporánea: financiera, laboral, sanitaria, de acceso a una vivienda, e incluso, en el ámbito de la participación ciudadana.

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