Lo que “También la lluvia” esconde

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Lo primero, reconocer que acudí a ver “También la lluvia” cargado de ilusión y que, al contrario que de costumbre, para nada salí decepcionado, incluso las palomitas fueron deliciosas. Que conste también mi admiración por Paul Laverty, guionista de la película  y preferido de Ken Loach. De la misma manera, me quito el sombrero ante Icíar Bollaín, no hay duda que sabe hacer películas y que, además, tiene buen gusto con los hombres.

Sin embargo, los temas tratados en la película, a saber: los primeros contactos de Colón,  castellanos, vascongados o andaluces[1] con los nativos caribeños, así como  la llamada Guerra del agua. Son tan extensos que, tratados individualmente, darían para hacer otras dos grandes películas, es por ello que en algunas ocasiones uno tiene la sensación de no entender el por qué de algunos sucesos.

Desde mi punto de vista, la parte que concierne a Colón y a su tiempo se encuentra más y mejor tratada que la otra. Se nos enseña el comienzo de la Leyenda Negra de los españoles en América y como, casi desde el principio, surgen diferencias y contradicciones entre los conquistadores,  personificadas en las figuras históricas de Montesinos y Las Casas.  Nada que decir sobre la manera en la cual estas dos figuras son presentadas; verdaderos padres del Derecho Internacional, e incluso padres de los Derechos Humanos, añadiría yo. De la misma manera, se nos muestra muy lúcidamente cómo va cambiando la manera en la que Colón y sus hombres tratan a los indios. Primero, con cierto respecto y humanidad, para después cebarse con la población nativa[2], pero quizá no llegamos a entender bien el por qué. Colón necesitaba justificar y sufragar económicamente sus cuatro viajes. La manera de justificar los viajes resultaba muy antigua; la búsqueda del oro, especies y riqueza en general. Mientras que para sufragar los viajes necesitaba demostrar que valía la pena ir a América, y para ello también necesitaba oro. Sin embargo, la maldición de la población nativa fue que en las islas no había oro, tampoco lo encontrarían en el resto del continente. La única alternativa que quedaba entonces, y que se fue consolidando con el tiempo, fue la de la explotación del territorio y sus habitantes mediante el sistema de la encomienda.

foto de portaldelmedioambiente.com

Sin embargo, la otra parte de la película, la que concierne a “La guerra del agua”, nos deja con bastantes más dudas. La Guerra fue un suceso extraordinario de movilización popular en un país y una cuidad históricamente acostumbrados a ser maltratados y a sufrir intervenciones extranjeras. Bolivia ha sido el tradicional campo de operaciones de los experimentos neoliberales, con consecuencias gravísimas para su población.

La cuidad de Cochabamba, o la “ciudad de la eterna primavera”, como también es conocida, ya sufría problemas de suministro de agua desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, la gente estaba acostumbrada a arreglárselas mediante el apoyo comunitario. Así, solían construir pozos entre diferentes vecinos, o pagaban entre varios un camión cisterna. Todos los cochabambinos estaban también acostumbrados a las promesas de sus gobernantes respecto a una solución al problema del agua, pero dichas promesas nunca llegaron a cumplirse. Una de esas promesas fue el llamado proyecto Misicuni, un mega proyecto que según las autoridades acabaría con todos los problemas del agua. Pero este proyecto era una cortina de humo del cual nunca se llego a ver nada. El objetivo real de las autoridades era el de ceder la gestión del  agua a un consorcio de empresas internacionales, entre las que se encontraban la española Abengoa y la estadounidense Bechtel, una de las mayores transnacionales americanas que había jugado un papel primordial en la historia de los Estados Unidos al construir, por ejemplo, la presa Hoover, y que, por tanto, contaba con el favor gubernamental .El acuerdo fue firmado en secreto y ningún representante de la población estuve presente en la “negociación”. La privatización del agua no contemplaba ninguna mejora en la red, pero sí un aumento tarifario que en ocasiones llego al 300% , es decir, suponía un negocio redondo para las empresas implicadas. Pero lo más grave no fue el aumento tarifario, sino que en virtud del acuerdo, todas las maneras tradicionales de extraer agua con la que contaban los cochabambinos fueron también privatizadas, esto es, a partir de entonces tendrían que pagar por el agua que la lluvia les daba y que ellos mismos habían gestionado con la construcción de pozos a cambio de ninguna mejora y de una tarifa abusiva y dolarizada.

Desde entonces comenzó una movilización popular que, según muchos testigos, no se producía desde la Revolución del 52. Muchos y diferentes fragmentos de la sociedad cochabambina se sintieron despreciados, desde los campesino, cocaleros, mujeres, mineros o clase media, todos estaba hartos y gritaban: “el agua es nuestra carajo”. La movilización fue un extraordinario ejemplo de activismo ciudadano y de cómo dotar a la palabra “democracia” de verdadero contenido. Todas las decisiones eran discutidas y votadas en los diferentes cabildos asamblearios, la condición para hablar era simple, primero había que actuar. La movilización fue dirigida por la Coordinadora del Agua y para la Vida, la verdadera columna vertebral de la movilización.

Durante más de cuatro meses sucedieron diferentes movilizaciones de distinto calado. Tuvo que ser el propio gobierno, con su inutilidad y engaños, el que exacerbase la situación hasta niveles insostenibles. En los últimos días la cuidad fue tomada por los mejores cuerpos policiales de Bolivia, la situación empeoró y un chico inocente fue asesinado por la policía. Esto supuso la gota que colmo el vaso, la rabia de la gente creció todavía más y el gobierno se vio incapaz de sostener la situación, hasta que finalmente dio marcha atrás y se cedió la gestión del agua a un organismo con participación popular.

Si hacemos caso al dicho según el cual las victorias se miden en función del enemigo, los sucesos de Cochabamba no pueden dejar de sorprendernos y no parar de admirarlo. No sólo fue una victoria puntual sino que inauguró un nuevo período en la historia de Bolivia, que culminaría con la victoria electoral dos años después del primer presidente indígena, Evo Morales, quién participó en la guerra como un líder cocalero más.

  • ESTE POST de Moncho Gelabert, socio y voluntario de SETEM MCM también lo puedes ver desde aquí en el BLOG Una Cita con el Cine

[1] Colón no toma posesión de las Indias Occidentales en nombre de Isabel y Fernando, sino en nombre de Isabel y de Castilla; Fernando nunca se ocupó de los asuntos indianos . España tampoco  existía en aquel momento. Los Reyes Católicos, tal como muestra su epitafio en la catedral de Granada no quisieron pasar a la Historia como Reyes de España

[2] La población nativa del Caribe fue totalmente aniquilada, es por ello que se tuvo que sustituir con población negra.

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