El patio de mi hogar, es particular

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Hay quien dice que es liberador poder compartir la vida privada con los demás. Es por esto, que hoy me animo a describir algunos aspectos de mi casa. Y como no, también a quien vive conmigo.

El lugar donde resido es muy grande, en eso tengo suerte. Somos muchas personas viviendo en el mismo sitio, aunque hay espacio para todos y todas. Algunos compañeros de casa ocupan habitaciones grandes, otros muy pequeñas. De igual manera, algunas de esas habitaciones están siempre abiertas y la entrada es libre, otras están bajo llave y nunca pude llegar a conocerlas. Los habitantes somos de todos los tipos y con gran variedad de perfiles. Hay un grupo pequeño que vive en la zona norte de la casa, y no sé bien por qué pero ellos suelen ser los que toman las decisiones. No se juntan mucho con los demás, pero se llevan bien entre ellos. Tienen una estrecha relación con el dueño de la casa, que es quien manda en nuestro hogar. Él está presente en todas las conversaciones, y en el fondo, todos estamos pendientes de lo que dice y hace. Por lo demás, cada uno hacemos nuestra vida, teniendo cada residente una forma de habitar en este lugar.

La convivencia se demuestra en las zonas comunes, especialmente el patio; allí es donde cada uno pone en práctica su forma de habitar en casa. Unos lo limpian y mantienen, otros lo ensucian y estropean. Hay quien riega las plantas, hay quien las destruye. Desde hace tiempo veo como varias habitaciones del norte, abren la puerta de noche y tiran en el patio sus desperdicios y basura. Al principio podíamos recogerlos, ahora ya se acumulan. También se están tirando desperdicios desde las habitaciones de la zona sur, aunque en éstas se genera mucha menos basura. Las plantas se están estropeando, el agua corriente de la casa cada vez sale más sucia, y a veces la cortan. El recibo de electricidad es cada vez más caro ya que las habitaciones del norte siempre dejan la luz encendida, y el aire de la casa está cada vez más irrespirable ya que en la zona norte fuman a todas horas. Todo esto me empieza a afectar, más aun porque mi mujer está embarazada y veo que mi hija no va a crecer en el ambiente adecuado. Además, los alquileres de cada habitación han subido de precio. Hace poco me fui a hablar con mis compañeros de la zona norte, para pedirles que cambien de actitud. Me dijeron que en sus habitaciones se vive muy bien, que la casa la gestionan ellos y que además son muy amigos del dueño: por tanto, no conseguiré nada con mis quejas.

Me encantaría decir lo contrario, pero veo como el lugar donde vivo se está echando a perder. Mi casa se llama Planeta Tierra, el dueño de la casa se llama Dinero, y el patio son nuestros ríos, mares, montañas o bosques. Quizá el mensaje “cuidemos el planeta” suene repetitivo, prefiero compararlo con nuestra casa para entenderlo mejor. La Tierra es el único hogar que tenemos, si lo echamos a perder no es posible mudarse a otro barrio. Tampoco reconstruirlo o repararlo. Cuidémoslo, tomemos conciencia y mejoremos nuestro hogar. Ahora, es el momento de hacerlo, merece la pena.

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