Sobre la diferencia entre buscar el camino y buscar la excusa

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Tenemos los recursos, la capacidad y la tecnología para acabar con la pobreza extrema. En eso estamos de acuerdo la inmensa mayoría. Pero, ¿Realmente queremos hacerlo?

Nunca estuvimos tan cerca de poder acabar con una situación, que no es un estado natural del ser humano: ser extremadamente pobre. ¿Por qué entonces no lo hacemos? ¿Quién lo impide o de quien es la culpa? ¿De los desastres naturales? ¿De los Tratados Comerciales? ¿Es insuficiente el dinero que se invierte contra la pobreza? ¿O el problema está en cómo se invierte ese dinero? ¿Es una tarea que corresponde exclusivamente a las ONG? ¿A ricos y poderosos? ¿O es tarea de todos/as? ¿Qué hace que un país con limitados recursos naturales como Suiza sea rico, y un país con abundancia de recursos como Bolivia sea pobre?

Antes de escribir este artículo, me aventuré a preguntar a unas veinte personas de diferente perfil y nacionalidad, dos cuestiones:

  1. ¿Por qué hay pobreza en el mundo?
  2. ¿Qué puedes hacer tú para solucionarla?

En la primera pregunta la mayoría de respuestas apuntaban (sólo) a los gobernantes de África. En la segunda, muchas respuestas señalaron directamente a EEUU y Europa para solucionar la pobreza, aunque la pregunta era personalizada y muy clara.

Sorprendido con el resultado de esta pequeña encuesta, hice otra consulta a menos gente en la que necesitaba asegurarme la máxima sinceridad. Prefiero no mostrar estas respuestas, fueron demasiado sinceras. La pregunta era: ¿Realmente te gustaría que todas las personas pobres o extremadamente pobres tuvieran los mismos recursos y oportunidades que tú tienes?

Puedo sacar una conclusión rápida de lo anterior. No tenemos ningún interés en conocer la causa o causas de la pobreza. Nuestra pasividad y falta de conocimiento ante éstas y su solución, es la mayor prueba de ello. Más aun, no sólo es un tema que no nos preocupa más allá de lo políticamente correcto, sino que no creemos tener ninguna responsabilidad en ello. Nuestra sociedad, y sobre todo nuestros dirigentes, son el reflejo de nuestra actitud individual. Si el interés por acabar con la pobreza no empieza por nosotros mismos, nunca llegará a hacerse efectivo. (Continúa leyendo el artículo  aquí)

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