En primera persona desde Nepal…

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Pasado el ecuador de mi estancia en Kathmandú (Nepal), donde estoy viviendo la experiencia de Campos de Solidaridad de SETEM, ya tengo cosas que contaros, aunque aun no alcanzo a asimilar muchas cosas sobre esta cultura o sobre la situación de este país situado a las faldas de la cordillera del Himalaya… pero intentare hacer un esbozo de lo que voy viviendo y conociendo.

Para que entendáis mejor lo que os cuento, debéis saber que mi experiencia se ha visto limitada en cierta medida por una caída que tuve hace 10 días en la que me dieron 6 puntos en la pierna y 2 semanas de reposo… Así que estoy viviendo todo desde una perspectiva bastante sedentaria, lo cual no me ha impedido conocer personas y lugares, pero si me ha obligado a ser paciente y a conformarme con un ritmo distinto a mis compañeras. Lo bueno: ya casi puedo volver a caminar!! 🙂

Paso a contaros algo sobre Nepal: es un país de verdes praderas y altas montañas, donde la mayoría de la población vive en el campo y se gana la vida con la producción de arroz, maíz, tabaco, artesanía, … Cuenta con una población estimada de 29 millones de habitantes de los cuales la mitad vive con menos de un dólar al día.

Katmandú, la capital tiene una población de 1 millón y medio de habitantes. Es una ciudad de un tráfico caótico donde a cada momento una cree que habrá un accidente, pero milagrosamente no suele pasar nada.. Aquí no hay normas de circulación, los vehículos se comunican a través del claxon, que ya se ha convertido en música ambiental para mis oídos.. que no celestial.. jeje Como contraposición a este caos, la gente es sumamente religiosa, todas las mañanas a partir de las 6 los templos se llenan de personas que van a adorar a los dioses (hinduistas y budistas) y hacen ofrendas de arroz, flores, etc. como agradecimiento por la vida. Suelen haber personas pobres o enfermas en los templos pidiendo y también reciben arroz y otras ofrendas porque en su forma de entender la Vida, lo que esta te da debe circular; el recibir y el dar van unidos y este flujo no debe bloquearse. Así que quien puede dar, lo hace generosamente.

Como habréis intuido por la historia de mi caída, las infraestructuras son bastante precarias, continuamente hay cortes de luz y de agua, apenas hay aceras y las que hay tienen agujeros. Se vive al día (no se puede conservar la comida) y con flexibilidad porque hay que aprovechar cuando hay luz y agua para hacer cosas (trabajar, lavar, conectarse a Internet, etc.). Sin embargo, le gente se relaciona sin prisas, no se frustra por cualquier cosa, es paciente y agradecida y valora mucho lo que tiene: lo cual me atrevería a decir les da ese brillo en los ojos que me inspira felicidad. Como reflexión: menos es mas, como dice el budismo si se reduce el deseo se reduce la insatisfacción.

Pienso en vosotr@s!!

Celia Aspizúa, socia y voluntaria de SETEM

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