El hombre que recogió mi basura

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Hace unas semanas estuve haciendo mudanza, transportando en varios viajes de coche las numerosas cosas que acumulamos con el paso del tiempo los que tenemos la suerte de poder atesorar muchos objetos personales.

Cuando mi madre y yo salíamos por la puerta de mi ex casa cargadas de cajas, estaba un hombre, no se de dónde sería, probablemente marroquí, rebuscando entre la basura. Una hora antes yo había estado tirando cosas que ya no me servían o que me resultaban incómodas de llevar.

El hombre sacó varias de esas cosas que yo había desechado y las metió en una bolsa. Mientras mi madre y yo le mirábamos, a mi madre se le escurrió una maceta de entre las manos, y el hombre vino corriendo a ayudarla, con una sonrisa, con una sensación especial en sus ojos que nos revolvió el estómago. Le dimos toda la comida que llevábamos de mi ex casa así como ropa que yo iba a dar a la beneficencia. Pero eso no me hizo sentirme mejor.

Que haya gente rebuscando en el cubo de la basura lo que yo he tirado no me gusta. Que haya inmigrantes mendigando por lo que yo desecho me hace sentir mal. Y que haya una persona que se tire al suelo a recoger los pedazos de una maceta para ayudar a una persona, en vez de sentirse resentido con el mundo rico que le rodea y que tira a la basura lo que a él le sirve para vivir, revuelve las tripas de hasta el más insensible…o quizás no y por eso estamos así.

Decía Alejandro Sanz en una canción de hace tiempo: “Dar solamente aquello que te sobra nunca fue compartir sino dar limosna”. Aunque la canción no tiene nada que ver con el tema de la solidaridad, a mí siempre me ha hecho pensar que en el mundo consumista en el que nos movemos no compartimos nada, y eso puede que sea uno de los principales problemas.

Algo falla en la sociedad en la que vivimos. No en la de las lejanas imágenes de los telediarios no: en la nuestra, en nuestras calles, las que pisamos todos los días. ¿Qué podemos hacer para mejorar esto?

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