Lo que no sabía sobre antenas parabólicas, cuerpos musculados, y uniformes escolares

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Recientemente, y dentro de un período de pocos días, me ví envuelto en varias conversaciones en las que se evaluaban los signos que muestran el nivel de pobreza de una persona, siempre desde el punto de vista de un habitante de un país “desarrollado”.

Hace una semana, conversaba con un matrimonio amigo que había estado de viaje de novios en Camboya. La esposa me comentaba que durante el viaje pudo ver que en algunas de las precarias viviendas de barrios marginales camboyanos, había adosada una antena parabólica. Este signo, le hacía entender que aquellos habitantes no eran pobres o no tenían tanta necesidad como aparentaban, cuando se podían permitir tener una antena en la parte superior de su infravivienda. No me pareció procedente hacer comentarios al respecto.

Un día después, veo en la prensa digital una foto de un joven haitiano desnudo paseando por una calle de Puerto Príncipe, aparentemente si rumbo fijo. En la noticia que acompañaba la foto, se hablaba de que la imagen mostraba con claridad la situación de necesidad extrema que vive Haití en estos momentos. Uno de los comentarios posteriores a la noticia que pueden hacer los lectores, hacía referencia a los músculos formados del joven haitiano. A juicio de aquel lector, aquel joven o no era haitiano, o no era pobre por tener suficiente alimento como para tener aquella musculatura. No consideré oportuno contestar a aquel lector a través del foro correspondiente.

Dos días más tarde, me encontraba observando unas fotografías que tomé durante una pequeña temporada que residí en Nepal. Un familiar cercano se acercó, y se fijó en una de aquellas fotografías en la que un grupo de niños de un barrio marginal de Katmandú salían de su escuela, sonrientes y con uniforme escolar. Aquel uniforme y aquella cara de felicidad, le hizo pensar a mi familiar que no serían niños pobres ni tendrían muchas carencias, ya que a su parecer tener uniforme y semejante cara de felicidad no es compatible con ser pobre. Tampoco quise responder a aquella observación, incluso si en esta ocasión conocía de primera mano la situación personal de varios de aquellos niños.

Los comentarios que extraigo de las conversaciones anteriores, y otras tantas en las que he participado anteriormente, me demuestran que el nivel de necesidad de la mayoría de habitantes de países en Vías de Desarrollo, es directamente proporcional al conocimiento e interés por solucionar la pobreza que tenemos desde los países desarrollados. Nos encontramos en la Era de la Información, donde cualquiera puede acceder rápidamente a un amplio conocimiento sobre cualquier tema. La desinformación que nos atañe sobre la pobreza y sus causas me lleva a pensar una vez más que a propósito de las injusticias que se dan en el mundo actual, ni sabemos ni queremos saber. ¿Quizá por no llegar a la conclusión de que yo puedo ser parte del problema? ¿Quizá por no alterar mi conciencia tranquila, mi pasividad o mi silencio ante dichas injusticias?

Sobre todo lo anterior yo ya tengo mi propia conclusión: prefiero no formar parte de la frivolidad, superficialidad y desconocimiento acerca de la pobreza y sus causas que muestran las respuestas extraídas de las 3 conversaciones. Entonces, ¿Qué puede hacer alguien como yo para solucionar la pobreza? La respuesta es sencilla, aunque requiere un compromiso que no todos estamos dispuestos a asumir. Mostrar un mínimo de interés, informarme de qué está ocurriendo fuera de mi burbuja, y hacer por las injusticias del mundo todo aquello que me dice mi sentido común, que seguro es más de lo que hago habitualmente.

Alfonso Basco
Administrador de www.escueladelmundoalderecho.com

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