De la especulación financiera… al trueque

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Si el sistema actual es el resultado de la evolución del comercio y éste se caracteriza por un consumismo exacerbado, entonces la solución a los problemas que de éste derivan sólo puede venir de la deconstrucción del mismo. En este sentido, el Comercio Justo puede resultar un primer paso en la mejora de las prácticas comerciales, pero en esencia se asemeja más a una declaración de principios éticos que un verdadero paradigma alternativo. Comprendo que esta propuesta venga enmarcada en una filosofía más general –llamémosla Consumo Responsable- que aborda cuestiones que van más allá de los estrictamente comerciales. Pero insisto resulta insuficiente en un modelo en el que el consumo es el corazón del sistema, el motor que lo propulsiona.

Hoy, plantean que la acción de producir y consumir que mueve el mundo no puede pararse. De ella dependen las economías mundiales y familiares, millones de puestos de trabajo y un estilo de vida que ha convertido al consumo en el eje principal para satisfacer las necesidades y tener otras en función de la demanda. Triunfar, tener, comprar son las variables que rigen las vidas de millones de personas en los países desarrollados. Se trata de tener éxito o al menos aparentarlo. Se trata de pertenecer al club de los que pueden comprar. ¿Cómo introducir prácticas éticas en el modelo de la estética?

La vida de los habitantes de los países desarrollados trascurre mientras producen, compran y consumen lo comprado. Ese es el ritmo y por eso se le llama sociedad de consumo. Los aproximadamente 1.800 millones de ciudadanos que la integran tienen a su disposición un sinfín de alternativas, una posibilidad para cada demanda, una oferta para cada necesidad. Todo lo que se pueda desear en todos los colores y de todas las formas para todos los gustos. A pagar al contado o en cómodos plazos. Una forma de vida llena de miles de productos con todo tipo de ventajas, de colores y brillos… De posibilidades al alcance de casi todos los bolsillos. Una forma de vida que afecta también al medio ambiente y que ha llevado a expertos de medio mundo a preguntarse si hay recursos suficientes para sostenerlo. Un mundo donde la mitad del mundo se muere de hambre y la otra mitad tiene una epidemia de obesidad. [1] ¿Cómo hacer que el Comercio Justo supla al Injusto?

La situación de partida resulta absolutamente adversa: consolidadas corporaciones promueven un modelo de consumismo acelerado a través de una publicidad agresiva (un ciudadano de un país desarrollado recibe alrededor de unos 3.000 impactos diarios) dirigida a unos consumidores que ven en las compras (efecto de la combinación estímulo-respuesta) el camino a la felicidad eterna.

Siempre debe haber una nueva posibilidad, siempre debe sonar mejor que la anterior, o al menos más fuerte. En este sentido, para luchar contra una barrera histórica y de percepción de tal envergadura, el Comercio Justo ha de intensificar su denuncia, recrudecer su mensaje y ofrecer mayores alternativas en la búsqueda de cambio de paradigma. Así, partiendo de la premisa que el mercado no es neutral, es un instrumento económico que puede servir para construir o destruir, ofrecer una filosofía comercial coherente resulta no sólo el medio sino el fin último de la versión ética que esta nueva corriente plantea. Sin movimientos radicalmente opuestos las fuerzas comerciales actuales, la mercadotecnia transformará las ideas éticas en ganchos publicitarios o nichos de mercado como veíamos en el apartado anterior. El Comercio Justo ha de proponer una postura claramente enfrentada al modelo actual, ya que sólo así logrará abrir tal brecha que sus propuestas no puedan ser manipuladas por la “competencia”. Que el Comercio Justo no suponga una oportunidad de negocio para la esfera empresarial sino un digno candidato a la sucesión inmediata.

El análisis de los principios básicos que desde el Comercio Justo se proponen pone de manifiesto la especial preocupación de éstos por las prácticas productivas. Pero ¿dónde queda la denuncia a los niveles de consumo actuales? ¿del propio modelo de consumo? ¿la innecesaria y masiva producción de envases y posterior  desecho de éstos? El Comercio Justo es comprendido como instrumento de cooperación y no como, además, elemento transformador de estructuras sociales que van más allá de lo estrictamente comercial. Como denuncia de las interesadas políticas estatales, re-educación para el cambio de la percepción social, propuesta de nuevas prácticas (reciclaje, menor consumo, mayor ciclo de vida de los productos, comercios minoristas y de barrio,…).

La idea y lucha hacia “otro mundo es posible” no debe apagarse por la cruel oposición con la que los detractores tachan de ambigua la posibilidad de consecución. Las fuerzas no deben caer en el delirio de la utopía y aquel manual de buenas intenciones que nació en la década de los 60 debe formularse con indignación pero también con sensatez y realismo. Y es que, las ideas también han de evolucionar, habitualmente, desde unos supuestos más teóricos a unas aplicaciones más realistas.

 

Educación y sensibilización. Comercio Justo y lo justo. Cambiar la concepción actual en la que se consideran éticos aquellos productos ecológicos que se amontonan en las estanterías de los grandes centros comerciales. Empaquetados en atractivos envases de colores y etiquetas de plástico de todo tipo. Largas horas de espera en las carreteras de acceso cada fin de semana para realizar la compra familiar semanal. (El premio nobel de literatura José Saramago ha escrito: “Cada vez más los centros comerciales se confundirán los llamados parques temáticos y no pasará mucho tiempo hasta que las personas quieran vivir dentro de ellos”). Que los consumidores conozcan y valoren sus carencias materiales y necesidad de compra (El 70% de los visitantes decidirá qué quiere comprar una vez dentro del centro comercial).

 

Denuncia. Las prácticas comerciales explotan a los pueblos del Sur, les sumen en la pobreza y restringen el acceso a los mercados internacionales. El sistema productivo actual degrada el medio ambiente debido a la extracción irresponsable de los recursos naturales y  aumento de los niveles de desechos. Consumismo compulsivo corazón del sistema capitalista y creador de necesidades, pobreza y sumisión. Ante este panorama desolador la denuncia supone el altavoz que los inconformistas han de utilizar para emitir el aullido de preocupación y desobediencia y no comer del fruto fácil del inconformismo.

 

Mensaje radical y dramático. El dramatismo y la insostenibilidad material y moral del sistema actual es la excusa perfecta para recrudecer el mensaje. Sin buscar el histerismo generalizado, es imprescindible predecir un apocalipsis de valores y llamamiento a la actuación colectiva. La sociedad ha de percibir la urgente necesidad de un cambio, de un paradigma otro ético y justo.

 

Propuesta. Confieso que es en este último apartado donde reside una de las mayores preocupaciones morales o dilemas internos. La paradoja de la protesta con propuesta. No resulta especialmente complicado criticar un modelo injusto y clamar por la aplicación de aquel que parece éticamente correcto. Pero la practicidad nubla el escenario de las nuevas alternativas. Son numerosos los actores que forman este sueño, pero el trabajo de las organizaciones, la implicación de los productores, compromiso de los importadores e incluso participación de algunos clientes resulta porcentualmente ridícula en nuestro deseo por desbancar el monstruoso modelo de consumo de masas actual. Las ideas son claras y las tiendas de comercio justo comienzan a levantar las persianas. El riesgo recae en la escasa asunción y menor implicación por parte de los distintos actores que forman los ámbitos tanto decisorios como de base de la sociedad. Políticos, empresarios y sociedad civil. Éste debería ser el mayor de los retos y la propuesta que modestamente planteo y considero el Comercio Justo debería abordar: la apropiación colectiva a todos los niveles de todos los actores incidiendo en ellos a través de un mensaje radical y llamamiento a la construcción de una estructura social más justa y éticamente sostenible. Y es que, nos encontramos en el momento de la bifurcación histórica donde podemos apostar por otro paradigma civilizatorio. Luchar por la deconstrucción para avanzar, aprender del hombre que miró al pasado para cuestionar el presente y soñar el futuro. Un ejercicio que nos traslada de la especulación financiera… al trueque. Vencer y convencer, lo llamaban idealismo en un libro que leí.

 “Si pretendemos avanzar, debemos volver atrás y descubrir de nuevo los valores preciosos, porque toda realidad gira en torno a fundamentos morales y porque toda realidad tiene un control espiritual.”

Martin Luther King, Jr.


[1] Paradoja que Raj Patel desarrolla en su libro “OBESOS Y FAMÉLICOS: EL IMPACTO DE LA GLOBALIZACION EN EL SISTEMA”.

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